POESÍA DE ENRIQUE ALCALÁ ORTIZ - Chaparrada
01. PRÓLOGO DE LAS SIRENAS

© Enrique Alcalá Ortiz



         Movimientos rectos, ondulados. ¡Qué más da!

Sobre la risa sirena.

La sirena mujer pescado, hambre de policía seco.

Me gustan las sirenas de la mar.

Neptunas de ilusiones saladas,

amas y plata de su cuerpo,

pechos abiertos de color alga.

Pies unidos.

Pies remos.

Pies de punta de lápiz con lazo blanco.

Pies de risa.

Pies, deseo de marinero barato.

Pies patas.

Patas de motor Diesel.

Brazos humanos para abrazar. Para eso, sí, sí, sí.

La sirena es pescado.

Es mujer.

Mitad pescado.

Mitad mujer.

Animal entero.

La mujer, el pescado. El pescado, la mujer.

La sirena pescado. La sirena mujer. ¡Qué más da!

 

         Las sirenas de las fábricas apestadas de sudor

sólo sirven para dividendos de accionistas parados;

sólo engaño de obreros canosos, con trienios, cuatrienios,

¡Milenios!

Altavoces locos, locos, locos, para dar de mano.

Las sirenas de los barcos no son sirenas de mar.

Las sirenas de los barcos son sirenas de puertos,

de salidas, de idas. Muelles de tormentos. Suspiros.

La sirena rebozada de conciencia. De vino tinto añejo.

Un gusano que no se quiere mudar.

La sirena. Unión de mujer y pez..., digestión.

¿Verdad? Sí, sí, no, no. ¿Verdad?

 

         En el cielo no hay sirenas,

pues allí tendrían que dormir de pie,

vivirían de cabeza.

¡Mentira! ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Allá tú!

Tienen su misterio, porque no existen las sirenas.

Sirenas.

Me gustan porque no se ven.

Principio, fin, ilusión, conciencia, altavoz.

¡Qué más da! ¡Qué más da! ¡Qué más da!

Las sirenas, sirenas...