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01. TOREROS Y VACAS POR LAS CALLES DE PRIEGO
Las primeras descripciones de espectáculos taurinos en Priego en las actas municipales y en los diarios cordobeses.
© Enrique Alcalá Ortiz
a primera noticia que hemos recopilado en la prensa cordobesa referente a espectáculos de toros celebrados en Priego, aparece en el Diario de Córdoba el año 1886. La redacción escribe: "En Priego. El día 24 del corriente se verificará en aquella ciudad una corrida de toretes, procedentes de la ganadería de don Nicolás y don José Lozano, vecinos de Carcabuey. Forman la cuadrilla varios diestros sevillanos. La noticia llega tres décadas más tarde de la aparición de la prensa en Córdoba, creemos, que por dos razones. La primera de ellas porque por estos años el periódico constaba de pocas páginas y a las noticias de los pueblos se les dedicaban sólo unas líneas, dentro de una sección llamada Gacetilla, y una segunda razón, porque no le daban mucha importancia a las capeas y toros de cuerda celebrados en las calles donde intervenían aficionados locales. Sin embargo, la citada se iba a celebrar en un recinto cerrado, la plaza de Priego estaba en construcción y actuaría una cuadrilla de toreros sevillanos. Este año era el segundo que por el día de San Juan se celebraban corridas de novillos en un recinto exclusivamente dedicado a estos espectáculos, pues aunque la plaza no estaba terminada, los accionistas propietarios, a fin de obtener algunas ganancias, se la habían arrendado a un empresario taurino, concretamente a Antonio Luque Siles, el primero de quien tenemos noticias.
Pero antes de continuar, veamos una panorámica de los espectáculos con vacas y novillos celebrados por las calles y paseos de la entonces llamada Villa de Priego.
El primero que nos encontramos en esta segunda mitad del siglo XIX se encuentra detallado en nuestras actas capitulares. Corresponde al año 1869, promovido y organizado por la Corporación revolucionaria con motivo de la aprobación por las Cortes de una nueva constitución. Para celebrar tal evento, se programan cuatro días de fiesta en las que hay Tedeum solemne con prédica del vicario y asistencia del municipio, milicia voluntarios de la Libertad y Corporaciones; todos los días, un repique general de campanas que principia desde la señal de queda y continua mientras dura el toque de queda; todos los establecimientos se cerrarán a partir de las 10 de la mañana, a excepción de los de comestibles; una importante manifestación cívica por las calles más importantes, iniciada por la banda de música municipal, a la que seguían los Voluntarios, clero, miembros del Juzgado, Guardia civil, Ayuntamiento, invitando a incorporarse a todas las corporaciones y demás dependencias. Al llegar a la Plaza, se descorrería una lápida donde se leía: "Plaza de la Constitución Democrática de 1869"; habría máscaras desde las 10 hasta las dos de la tarde, excepto el domingo que sería ?todo el día para que puedan disfrutar de esta diversión las personas que por su quehaceres y posición no hayan podido hacerlo los días anteriores?; todos los días, concierto de la Banda de Música en la calle Prim, (actual Carrera de las Monjas), decorada convenientemente; se le pedía y casi obligaba al vecindario poner colgaduras en sus casas durante el día y luces por las noches; y, en dos tardes, se darán dos corridas de vacas de la ganadería tan acreditada de don Ildefonso Lozano, vecino de Carcabuey. Las corridas de vacas tendrán lugar en la carrera del Águila formando la plaza en la parte que la comisión que se nombre al efecto crea conveniente. Quedarán relevados de la obligación de colgar sus fachadas todos los vecinos habitantes dentro del local de la plaza de toros?. Por todos los gastos programados se paga la cantidad de 500 escudos. No se especifica si se contratan toreros de fuera o son los aficionados de la localidad los mismos protagonistas del espectáculo. Están segunda opción es la más probable, puesto que hasta ahora no hemos encontrado datos de contratación de toreros en espectáculos celebrados en recintos acotados dentro de la población.
Las noticias de los años que siguen las documenta ampliamente el insigne poeta prieguense Carlos Valverde López en su libro Memoria íntimas y populares, y en menor cuantía nos las encontramos en el Diario de Córdoba y La Lealtad.
Nos cuenta el escritor prieguense en el año 1871: "Durante el mes de junio se celebraron varias corridas o capeas de vacas en la Carrera del Águila. A este efecto, se cortaba la calle con una empalizada de madera por bajo de los dos Altillos y se establecía otra tercera valla para separar el Paseo. El toril se situaba a la entrada de la calle de Santa Ana, y de allí salían las reses. Por todo el perímetro de la improvisada plaza corría un andamiaje de madera formando gradas y tablados, quedando sólo libre la entrada a las casas.
Los espectadores podían ser activos o pasivos: para ser lo primero, bastaba pagar la entrada, mas como ésta no les daba derecho a sentarse, tenían que habérselas con el toro o lidiarlo; para lo segundo, necesitaban además pagar el asiento, ya fuera de grada o de tablado.
La lidia, como se comprende, era libre; es decir, que podía actuar de torero todo el que quisiera, y como eran tantos los que querían y entre ellos había muchos cargados de alcohol, sucedíanse los lances cómicos sin interrupción y resultaba el espectáculo bastante regocijado".
Hemos visto que las dos corridas de vacas celebradas en 1869 la motivación es para la celebración de un acontecimiento político, en estas de ahora durante el espectáculo se incrustan los acontecimientos que se viven a nivel nacional: "Las corridas de este verano tuvieron cierto carácter político, inherente entonces a todos los festejos públicos: en medio del redondel, y pendiente de una pértiga, pusieron un pelele con boina que decían ser el pretendiente D. Carlos de Borbón. Cada vez que la vaca pasaba y veía al fantasmón le tiraba un derrote que le hacía bailar, con gran algazara de la gente. Tales corridas se celebraban casi todos los veranos en este sitio, o bien en el Paseo, o en el Llano de la Iglesia".
Además de estas novilladas que podemos llamar formales, nos cuenta que eran bastantes habituales los regocijos con los toros de cuerdas, hoy totalmente desaparecidos: "También eran muy frecuentes, por aquellos tiempos, los llamados toros de cuerda. Cada vez que entraba una res al matadero que se conocía ser brava, pedían los jóvenes permiso al alcalde para lidiarla; permiso que era siempre concedido, y previa una pequeña indemnización al dueño de la res por el demérito de la carne que pagaban los solicitantes, se sacaba el animal atado con una larga cuerda, se paseaba por las calles y era lidiado por el público, el cual tomaba las rejas y zaguanes por burladeros. La noche de la velada de San Juan era de rigor el toro de cuerda: si no lo había en Priego, se buscaba.
Las estadísticas no tienen datos de magulladuras, chichones, moraduras, cardenales, heridas y derramamientos de sangre provocados a los mozos valientes y decididos por las cogidas de novillos y vaquillas que con toda lógica se debían producir. Y no hay datos porque no existen estadísticas. Los médicos de entonces no llevaban una ficha de los arreglos en la piel y huesos que debieron hacer a los jóvenes aficionados durante los días de regodeo con estas reses bravas, aprendices de toros maduros. Solamente en una ocasión nos enteramos, de un accidente, mortal, en este caso. Sucedió en 1878: "A mediados de Agosto se verificaron- varias capeas de vacas en el Paseo, y la última de ellas realizada en la tarde del 2, tuvo un fatal desenlace.
Descollaba entre los aficionados a la lidia un carnicero llamado Gregorio Jiménez, y por sobrenombre Espartero, quien, capeando una vaca, fue cogido por ella y arrojado con gran fuerza sobre uno de los asientos rústicos que en aquel sitio había. Por mala ventura del lidiador, chocó su cabeza contra el borde del poyo, determinando una fortísima conmoción cerebral, de la que falleció en aquella misma noche.
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